viernes, 13 de junio de 2014

Cinco, Hache. Te



Recorría la pantalla, la imagen se había congelado. La blusa. El color. El cuchillo. Las piernas. La luz.

Durante la tarde se sentía feliz, pero al llegar la noche necesitaba de la pantalla y la conexión a internet y entonces el sueño se le escapaba y comenzaba a comerse la uña del dedo anular izquierdo. El hambre le atacaba y entonces iba al refrigerador a sacar un paquete de salchichas que comía frías, mientras veía las imágenes de sexo y sangre las cuales le hacían sentir mejor. El olor a sexo trepaba a su nariz masturbándole el cerebro. Tenía que mantener el orden de su mesa de trabajo, afilar los lápices y acomodar las hojas por colores. El sudor de sus manos comenzaba a manchar el escritorio y el teclado de la computadora. Tomaba unas servilletas, las mojaba y limpiaba el sudor y la suciedad, consecuencias de sus auto escarceos sexuales. Se levantaba e iba hacia el sofá se recostaba tratando de dormir pero las ideas múltiples le invadían la mente y entonces todo comenzaba de nuevo. Volvía a la pantalla veía las imágenes de mujeres cercenadas y hombres en éxtasis sexual. Apuraba la taza de café y su mano buscaba entre su pantalón como si fuera extraña y perteneciera a otra persona y entonces se negaba pero siempre terminaba embaucado. Y otra vez todo comenzaba, la suciedad en la mesa y las servilletas limpiando el desorden.

Trataba de leer para conciliar el sueño, pero uno de sus ojos siempre observaba la pantalla que esperaba paciente alguna nueva imagen, entonces perdía el renglón de su lectura y leía varias veces el mismo párrafo y la pantalla se encontraba ahí sola y paciente en espera de su fisgón favorito. El dedo anular regresaba a su boca y la uña era mutilada, buscaba con la mirada el número de página del libro para recordarlo más tarde, aunque sabía que siempre lo olvidaba, llegaba ante la computadora y resistiéndose a la tentación buscaba a alguien con quien hablar en el “chat”, pero sus esfuerzos eran inútiles, su atención hacia la pestaña con las imágenes era dominante, ponía algo de música e intentaba regresar al libro perdiendo tiempo en encontrar la página en que lo había dejado y volviendo a leer varias páginas hasta encontrar el ultimo renglón que recordaba el cual no siempre era el último que había leído.


“Dormir. Dormir…”. Repetía como un mantra pero cada vez el sueño era menos y entonces su cerebro encontraba una explicación a su problema y la posible solución, sería la última vez, la última vez que miraría la pantalla, la última vez que vería a las mujeres que se mostraban realmente desnudas… sin piel. Sería la última vez y entonces, pensaba, encontraría el confort que lo haría dormir y trabajar al siguiente día. Tomo la botella de agua y bebió pausadamente con tragos prolongados tratando de encontrar un alivio en el agua, fue a la cocina por más servilletas de papel, se quitó el pantalón observó la pantalla que iluminó su cara de colores la mano buscó su objetivo… y el resplandor penetró su cerebro.