Recorría la pantalla, la imagen se había congelado. La
blusa. El color. El cuchillo. Las piernas. La luz.
Durante la tarde se sentía feliz, pero al llegar la noche
necesitaba de la pantalla y la conexión a internet y entonces el sueño se le
escapaba y comenzaba a comerse la uña del dedo anular izquierdo. El hambre le
atacaba y entonces iba al refrigerador a sacar un paquete de salchichas que
comía frías, mientras veía las imágenes de sexo y sangre las cuales le hacían
sentir mejor. El olor a sexo trepaba a su nariz masturbándole el cerebro. Tenía
que mantener el orden de su mesa de trabajo, afilar los lápices y acomodar las
hojas por colores. El sudor de sus manos comenzaba a manchar el escritorio y el
teclado de la computadora. Tomaba unas servilletas, las mojaba y limpiaba el
sudor y la suciedad, consecuencias de sus auto escarceos sexuales. Se levantaba
e iba hacia el sofá se recostaba tratando de dormir pero las ideas múltiples le
invadían la mente y entonces todo comenzaba de nuevo. Volvía a la pantalla veía
las imágenes de mujeres cercenadas y hombres en éxtasis sexual. Apuraba la taza
de café y su mano buscaba entre su pantalón como si fuera extraña y
perteneciera a otra persona y entonces se negaba pero siempre terminaba
embaucado. Y otra vez todo comenzaba, la suciedad en la mesa y las servilletas
limpiando el desorden.
Trataba de leer para conciliar el sueño, pero uno de sus
ojos siempre observaba la pantalla que esperaba paciente alguna nueva imagen,
entonces perdía el renglón de su lectura y leía varias veces el mismo párrafo y
la pantalla se encontraba ahí sola y paciente en espera de su fisgón favorito.
El dedo anular regresaba a su boca y la uña era mutilada, buscaba con la mirada
el número de página del libro para recordarlo más tarde, aunque sabía que
siempre lo olvidaba, llegaba ante la computadora y resistiéndose a la tentación
buscaba a alguien con quien hablar en el “chat”, pero sus esfuerzos eran
inútiles, su atención hacia la pestaña con las imágenes era dominante, ponía
algo de música e intentaba regresar al libro perdiendo tiempo en encontrar la
página en que lo había dejado y volviendo a leer varias páginas hasta encontrar
el ultimo renglón que recordaba el cual no siempre era el último que había
leído.
“Dormir. Dormir…”. Repetía como un mantra pero cada vez el
sueño era menos y entonces su cerebro encontraba una explicación a su problema y
la posible solución, sería la última vez, la última vez que miraría la
pantalla, la última vez que vería a las mujeres que se mostraban realmente
desnudas… sin piel. Sería la última vez y entonces, pensaba, encontraría el
confort que lo haría dormir y trabajar al siguiente día. Tomo la botella de
agua y bebió pausadamente con tragos prolongados tratando de encontrar un
alivio en el agua, fue a la cocina por más servilletas de papel, se quitó el
pantalón observó la pantalla que iluminó su cara de colores la mano buscó su
objetivo… y el resplandor penetró su cerebro.