Un día pensé que un vaso de cerveza me
hacía feliz.
Otro día pensé que dos vasos de cerveza me
hacían doblemente feliz.
Y al tercer día comprendí las matemáticas y
las potencias, las cosas al cubo y el Pi… fue demasiado, me quede en mi
banalidad. Adopté una actitud molesta. (Ay sí, ajá)
Cuando era feliz con todo ello, las matemáticas y mi falsa actitud, me tope con
el honor; digamos que me salió un chipote en la frente. Pero por favor no le
echemos la culpa a la falta de alcohol de la de pronta necesidad existencial.
El honor no te lo enseñan en la escuela, y
la mercadotecnia no lo contempla. Dentro de nuestros valores occidentales
tampoco se le menciona.
Y entonces me pregunté ¿qué es ser
honorable? ¿Preferir una coca cola o una Pepsi? ¿Un sidral o una manzanita? El
honor no lo encontraba ni veía a mí alrededor. Así, mexicano tercermundista,
medio azteca, nahualismos, latinismos y de pronto con arabismos.
Platón habló del amor, y mucho. Pero nunca
habló del honor.
Para amar hay que tener honor y para tener
honor hay que amar. Luego entonces concluyó que el honor viene de otros lados
que no son de por aquí. Pero el amor es una virtud universal... Creo que deberíamos aprender sobre el honor y todo lo
que ello pueda significar. La venganza, el odio, el honor, la justicia, la
templanza, la fortaleza, la verdad… porque curiosamente en todo ello puede
existir honor.
Gokú en un principio fue muy honorable,
pero al revivir tanto… bueno olvidemos el ejemplo.
El honor no tiene que ver nada con ser
políticamente correcto. Ni incorrecto. El honor tiene que ver con nuestra
propia idea de cómo somos, como nos contemplamos, nuestra realidad, los valores
que nos guían aunque nadie sepa de ellos, la fidelidad a tus ideas por más
pendejas que parezcan.
Baudelaire bien lo dijo “hay que trabajar,
sino por gusto, al menos por desesperación, ya que está comprobado que trabajar
es menos fastidioso que divertirse”. Parece que con el honor sucede lo mismo.
Strindbberg… “Me ocultó tras la pared, me
meto detrás de las puertas, ante las chimeneas. Pero en todas partes, en todas,
me hallan las furias. La angustia moral me vence, el pánico se apodera de mi,
por todo y por nada…”
La moral y la voluntad vienen en una
vorágine de desesperación, de instintos humanos. El amor y el deseo son
instintos intelectualizados que han cambiado tanto que me dan pena
mencionarlos.
Debimos ser como Maldoror: “Hay quienes
escriben para lograr los aplausos humanos mediante nobles cualidades del
corazón, que la fantasía inventa o que ellos pueden tener. Pero yo hago servir
mi genio para representar las delicias de la crueldad”.
¿Estoy siendo cruel? Entonces continuaré
con algo más de aquel Conde: “Delicias ni efímeras ni artificiales sino que, nacidas
con el hombre, terminarán cuando él termine”.
¿Por qué nos preocupamos por todo eso?
Gómez de la Serna dice “según eso, el mundo se come como un gran melón”.
Sencillo y banal, sin pretensiones ¿no? Él mismo dice que “las mujeres hermosas
estarían más rebeldes sino las engañase la velocidad de los automóviles y
muchos matrimonios se romperían sino se perdonasen y se soportasen gracias a la
velocidad de todas las tardes. En la velocidad se consienten muchas cosas”
Saquemos otro libro para observar lo complicado
que es esto del honor, que viene con un instructivo en el amor occidental.
Novalis escribió “Levantas las alas pesadas
del espíritu. Sentimos movernos inexpresables y obscuros…”
Y como vil canción de Radiohead todo nos
remonta a la tristeza y por eso sin éxito no apareceríamos en el opening de las
Olimpiadas… o equis evento mundano.
Citamos a Milton: ¡Eres tú aquel ángel
traidor el primero que infringió la paz y la fe del cielo, respetadas hasta
entonces, y el que en su orgullosa rebelión arrastró consigo a la tercera parte
de los espíritus celestes conjurados contra el Altísimo? Tú y ello desechados
de Dios…”
Uta madre ¡qué horrible ser un desecho de
Dios! Su Dios… “O sea”.
Al final de cuentas somos turistas del
dolor ¿pero dónde queda el honor?
Galaor: “Pero, si se advierte que sufres;
mejor te daré el paraíso; y acuérdate de tus pecados… no te espante vivir
alucinada, los buenos anacoretas vueltos a la razón cuidarán solícitamente de
ti; te han perdonado y te vestirán y te alimentarán; también te nutrirán con el
líquido rojizo que turba los sentidos y baja el cielo a la tierra…”
Y como yo no tengo las palabras para poder
concluir todo esto, ya que me dio hueva pensar y me dediqué a sacar tantos
putos libros… ¡Blake señores!
“Así olvidaron los hombre que todas las
deidades residen en el corazón”.
El honor.
