Se me antojaron unos pallmall de cereza o pepino, vaya usted a saber ya con tanta porquería que nos ofrecen, porque reconozco que fumar es una porquería. Caminé cuatro largas calles al Oxxo, fue agradable caminar, saqué a los canes a pasear pero, al llegar creo que la señora cajera de ya entrados años, se molestó conmigo porque le pregunté sobre los sabores de los cigarros y me contestaba insistente que ella no sabía nada de eso. Y yo le repetía que me informara y qué pinches no sabía y yo bueno pues deme unos de esos, y resulta que sí sabía de esos que eran según de doble cápsula. Ni supe qué compré, en la cajetilla no mencionaba los "sabores", solo tenía dos bolitas, una roja y una azul. Cuando pago con un billete de quinientos varos, que no tenía cambio la señora. Me salgo bien sacada de pedo y le digo a los perros "caminamos hasta aquí para nada", y como a mis perros les encanta platicar conmigo me contestaron con un "guauuhhhummrrrrrrr, rrrrrrrrr.... ggrrrrr".
Me grita la señora y qué me dice que siempre sí tenía cambio que estaba de suerte. —¡Oh, qué afortunada soy!— Dije con apoteosis jaja. Ella me dijo que tenía perros bien bonitos que ella tenía ocho y que estaba preocupada por ellos porque nunca los dejaba solos y ahora que tenía que trabajar porque se le murió el marido, sus sentimientos la llevaban al desasosiego del abandono... Bueno, no me dijo así, me lo dijo con palabras que no suenan tan mamonas pero ustedes ya conocen cómo me gusta prolongar la existencia con estas palabrejas que a algunos de mis amigos sacan de quicio.
Ahora soy feliz con mi pitillo ardiendo en el cenicero al cual solo le troné una cápsula.
Compré también un encendedor, me va a servir para encender la estufa, pienso en ella mientras me recargo en las grandes ventanas de la oficina, qué no es mi oficina pero la visito de vez en cuando y siempre me fumo un pitillo (oh me encanta escribirlo pero no me atrevo a decirlo, siempre mi voz expresa que es un cigarro), la estufa se ha averiado poco a poco, es casi inservible, tengo otra estufa, tengo dos lavadoras, ¿porqué soy una señora que tiene dos estufas y dos lavadoras? ¡No lo sé! Utilizo la estufa que no sirve y la otra la tengo en calidad de ornamento, y cuando me preguntan lo que es, porque la tengo tapada con una tela mamona, les digo que es un instrumento musical, para "ondas smart". No tengo ni idea de lo que hablo pero nadie me ha preguntado hasta el momento.
Llevo varios días escribiendo el cuento de mis hijas. Un cuento demasiado largo.
Hacía la esquina veo a una señora cuidando a su bebé que gatea en el suelo, es una señora de vestimentas indígenas, brillosas, de colores que cuando era niña me parecían preciosos, la modernidad y la mamonez me han hecho inclinarme por colores pálidos y eso me hace sentir mal cuando recuerdo que me dicen que soy una naca porque me gusta hello kitty. La indígena compra una bolsa de papas y le echa mucha valentina, compra unos chicharrones y le da uno a su bebé que lo avienta, ella quiere jugar con sus juguetes de tupergüer y yo me pregunto cuanto cuesta una cosa de esas y me pregunto también por las madres obsesionadas con traer limpios a sus bebés y me desespero un poco recordando que un día mi bebé vomitó un juguete de esos y no me di cuenta y el vómito se secó y fue un pedo limpiar eso.
Se acaba el cigarro y lo remato en el cenicero de Pacman que me regaló un ex amante onírico que él no sabía que era mi amante onírico. Veo un libro que no terminé de leer y me juro a mí misma por -ya perdí la cuenta cuantas veces he hecho el mismo juramento-, lo terminaré esta noche. Recuerdo lo estúpida que soy para las lecturas y los textos largos, pienso que mi formación careció de algo, que tengo las patas chuecas, que soy torpe, que me caga decir que soy disléxica porque resulta que todo mundo es disléxico y yo digo eso avergüenza... Y recuerdo la última mamada que hice al respecto, en lugar de conectar un aparato eléctrico, conecté otro y ya me andaba partiendo mi puta madre porque casi me electrocuto. Putas mamadas ya me puse de malas y encierro otro pitillo.
Clark Nova
martes, 28 de marzo de 2017
domingo, 15 de noviembre de 2015
Seis.
Uno.
Ya no recuerdo…
Fui una abuela mala, no quise a mis hijos y por supuesto
jamás a mis nietos, tuve muchas cosas,
entre ellas un amante que era militar llamado “Don Paco”, el cual dejé de
querer cuando estando viejos.
Don Paco en algún
momento ya ancianos ambos, aprendió a tocar el acordeón. Pasaba todas
las tardes tocando viejas canciones que yo nunca me supe, la música jamás me
gustó. Tengo en mis recuerdos aquello como un simple sonido de fondo, como algo
que pasaba; por eso, “Don Paco”, al poco de tiempo murió; dejó de
sentir mi amor.
O quizá no amé a nadie. Mis nietos me lo dijeron, tenían esa
idea de mí. Una idea nada errada en cuanto se refería a ellos. Fue difícil.
Soy una anciana y jamás fui feliz entonces. A mí que no me
vengan con chingaderas de que la felicidad es la familia. Tengo una familia,
hijos, nietos. “Todo eso”. ¡“Eso”, jamás me hizo feliz!
Es curioso pero siempre atesoré las agujas quirúrgicas con
su respectivo hilo, para siempre coserles a los hombres sus respectivas heridas,
lo cual me gustaba más que el sexo. Y eso que el sexo me gustaba mucho.
Recuerdo aquellas fotos que me tomé en baño de vapor. Mi
soldado me las tomaba.
No puedo entender… ¿Por qué cuando se murió mi marido me
volví loca? ¿Qué fue? ¿Mi consciencia? ¿Mi arrepentimiento? ¿O amé a ése
cabrón? Un alcohólico de a peso con otras viejas que mantener.
¿Cómo iba a amar a ése cabrón que me había hecho dos hijos?
¿Cómo me piden actuar como esas abuelitas de las
telenovelas?
¿Quiénes esperaban eso de mí? Mis nietos pendejos.
Dos.
Empecé a llevar libros a la casa, algo que no era una
costumbre en mi familia. En mi casa no había libros. El primer libro fue el que
yo llevé.
Mis padres, vendían y vendían. Muchos españoles advenedizos
quisieron comprarles su negocio, me acuerdo de esa época. Yo, mientras tanto,
iba a la prepa. Empecé a conocer cosas, lugares, personas que venían de gente
rica, de gente no tan rica, que en sus casas toda la vida hubo libros; la realidad que yo pensaba que nadie notaba
es que también había personas que jamás
habían visto un libro tal como yo. Mi familia no tenía abolengo alguno en aquel
tiempo; todos se hablaban de abolengos
en aquellos días, “qué la guerra de
Abolengo”, “qué la guerra del 47”, “qué la invasión de los franceses”… “La
invasión del Lego”.
Yo, solo recordaba la imagen de mi abuelo, un hombre con
ropas rotas pero que tampoco significaban pobreza, porque de los pobres, él no
era tan pobre porque tenía zapatos, de cuero negro y que todos los días los
ponía al sol. “¡Pa’que nunca se
humedecieran!” Los demás días andaba de huarache y para cuando tenía que ir a
la plaza a vender sus “productos”…. ¡Esa es la mamada! Alguien nos inculcó eso
de “Vender productos”. Era una
transacción importante, una actividad de “reputación”, porque usaba calzado
y calcetines. Todos nosotros tuvimos zapatos siempre,
duraban mucho tiempo, hasta años. ¡Éramos de los que nunca andábamos delcazos
porque había mucho pinche descalzo y
nosotros éramos privilegiados!
Comíamos y teníamos zapatos.
“Éramos clase media”.
Tres.
Nancy, que era conocida por Nancy “la de las paletas” porque
siempre chupaba una paleta, jugaba conmigo por las tardes luego de que
terminábamos las tareas de la escuela. Mi madre nunca me impuso quehaceres
domésticos por lo cual siempre acudí puntual a mis lúdicas citas con Nancy aún
con el conocimiento de su impuntualidad. Jamás le reclamé nada, sabía que no
era cosa de ella sino de su madre que tenía que lavar ajeno y Nancy debía
ayudarla. Una paleta era todos los días la recompensa que Nancy recibía
agradecida.
Vivíamos en una zona industrial, había muchas cucarachas.
Nancy y yo las matábamos con las manos luego de dar por perdida la guerra
contra ellas. Dedicamos muchas tardes a
la investigación sobre estos bichos, nos documentábamos como podíamos, era un
reto. Si en un puesto de periódicos veíamos una revista científica haciendo
énfasis en dicho espécimen, ahorrábamos
para adquirir el documento. En la biblioteca ya éramos conocidas, no por
consultar, sino por preguntar a menudo si habían llegado nuevas obras sobre
cucarachas. Aprendimos que como cualquier ser viviente lo que necesitan para
sobrevivir es agua; a partir de este razonamiento empezó el cultivo de nuestra
vorágine de imaginación.
-¿Qué ser no necesita agua para sobrevivir, Nancy?
-Hasta los monstruos necesitan agua. Por las noches cuando
me da sed los monstruos me esperan en el pasillo. Procuro tomar mucha agua para
tener que ir a la cocina.
-Pero si bebes mucho entonces debes desecharla. Los
monstruos te esperarán en el baño.
-Tienes razón.
Cuatro.
“…Sentía los pulmones agonizantes, me venía a menudo a la
cabeza una barra de acero que se dobla. El corset era duro, pero al menos era
negro. Esa tendencia a la negrura me hacía ver un poco elegante de vez en
cuando, bonita nunca había sido pero era pálida y me pintaba los labios de rojo
y me vestía de negro, entonces llamaba la atención.“
I
Yo pensaba en el olor de mis sobacos, tenía un pedo atorado
y ella se quería poner “exquisita”.
Tantos años pasaron ya. No pienso nada. Es eso no
tuvo trascendencia para mí. No lo tiene ahora, pero ella sigue
preguntando. Tengo que hacer un esfuerzo
mental. No puedo estar atrapado más aquí en el baño. ¿Qué piensa una mujer que
se quiere poner “exquisita” cuando su presa demora?
-No te preocupes, las
criaturas obscuras tienden a encorvarse naturalmente.
-¿Es broma?
-No. Tienden a encorvarse… Las brujas, los hechiceros, los
cuervos tienen curvas. Los bailes vampíricos. Cuasimodo es el ejemplo por
antonomasia.
-Soy una mujer, no soy un vampiro ni una cosa obscura.
-Bueno es que pensé en eso de tu ropa negra.
-Bueno es que sí sucedió algo… No tuvimos sexo pero sucedió
algo.
-¿Sí o no?
-No. Es decir… ¿Por
qué me comparas con un cuervo o una bruja? Esas son cosas abominables.
-Oh… Quizá eres abominable.
Cuando supe que debí haber dicho algo malo, mi sinceridad
dejó de tener peso. Agregué:
-Es decir, “fantástica”, abominable como, el hombre de las
nieves. Seres con una personalidad aguda y definida. _No sé qué quise decir con aguda y definida
pero es lo primero que me salió de la boca
-Mi joroba es abominable.
-No tienes una joroba.
-No sé si la tengo, pero camino encorvada y la simple idea
es terrible, abominable, monstruosa, ¡tienes razón! Por eso no tuvimos sexo.
-Creo que no tuvimos sexo porque te importa demasiado. Nunca
había reparado en la situación, es parte de ti, tu andar como de… ¡Pantera
rosa! _Creo que la volví a cagar
-Pero tienes razón, soy monstruosa.
-No eres monstruosa.
Pienso que debo besarla pero pienso que no tengo el deber
heroico, que además eso sería hipócrita y nocivo. Pero no sé qué hacer. Quizá deba arreglar la situación de la
manera fácil. Arreglarla para mí y que ella se vaya.
-¿Aún te gusto?
-Sí. Mucho.
Claro que me gusta y no estoy mintiendo. Es que siento
hartazgo sobre el tema.
-Escribí un poema sobre lo que siento.
-¡Sobre tu joroba!
-Dijiste que no tengo joroba, que solo estoy encorvada.
-Lo que sea, lo tuyo es enfermo, “una Oda a tu espalda
doblada”.
-Eres muy cruel.
II
Mire la cartera de agujas
con esa melancolía que definía a menudo la perdida de mi libido. “Una
aguja colchonera” era parte del contenido.
Mire mis ojos dramáticamente maquillados, imaginé los
zapatos bien pulidos de mi acompañante.
Bebo el té. Mientras
pienso en la deformación plástica de mi ser, observo la boca moviéndose pero no
comprendo nada de lo que dice. Después de unos segundos me doy cuenta de mi
grosería y sacudo la cabeza confesando que no escuché.
Él aparenta tolerarme. Seguí cosiendo mi abrigo, era verano
pero yo quería mi abrigo… Era mi joroba.
Cinco.
Pues tenía piojos. Me empiojé.
Era una niña y me daba mucha comezón.
Sentía que algo caminaba en mi cabeza, y no eran los piojos,
eran las ideas.
Pero cuando mataba a los piojos me gustaba ver explotar la
sangre. Y sentirla.
¡Oh, un día lo recuerdo sucedió algo muy interesante, les
contaré!
Tenía el cabello muy muy largo, pero mi mamá me lo cortó
porque me llene de piojos.
También tenía amibas, estaba siempre segura de ello, desde
que me enseñaron en la escuela lo que era un parásito.
Seis.
Encontré detrás de un cajón, clavado con unas tachuelas un
sobre de cartón con las fotografías de mi abuela desnuda. Después de unas
semanas tomé su abrigo negro y me retraté en las mismas poses que ella. La
envidé porque seguramente a ella la retrataron.
martes, 1 de septiembre de 2015
Necesito una bebida isotónica.
Un día pensé que un vaso de cerveza me
hacía feliz.
Otro día pensé que dos vasos de cerveza me
hacían doblemente feliz.
Y al tercer día comprendí las matemáticas y
las potencias, las cosas al cubo y el Pi… fue demasiado, me quede en mi
banalidad. Adopté una actitud molesta. (Ay sí, ajá)
Cuando era feliz con todo ello, las matemáticas y mi falsa actitud, me tope con
el honor; digamos que me salió un chipote en la frente. Pero por favor no le
echemos la culpa a la falta de alcohol de la de pronta necesidad existencial.
El honor no te lo enseñan en la escuela, y
la mercadotecnia no lo contempla. Dentro de nuestros valores occidentales
tampoco se le menciona.
Y entonces me pregunté ¿qué es ser
honorable? ¿Preferir una coca cola o una Pepsi? ¿Un sidral o una manzanita? El
honor no lo encontraba ni veía a mí alrededor. Así, mexicano tercermundista,
medio azteca, nahualismos, latinismos y de pronto con arabismos.
Platón habló del amor, y mucho. Pero nunca
habló del honor.
Para amar hay que tener honor y para tener
honor hay que amar. Luego entonces concluyó que el honor viene de otros lados
que no son de por aquí. Pero el amor es una virtud universal... Creo que deberíamos aprender sobre el honor y todo lo
que ello pueda significar. La venganza, el odio, el honor, la justicia, la
templanza, la fortaleza, la verdad… porque curiosamente en todo ello puede
existir honor.
Gokú en un principio fue muy honorable,
pero al revivir tanto… bueno olvidemos el ejemplo.
El honor no tiene que ver nada con ser
políticamente correcto. Ni incorrecto. El honor tiene que ver con nuestra
propia idea de cómo somos, como nos contemplamos, nuestra realidad, los valores
que nos guían aunque nadie sepa de ellos, la fidelidad a tus ideas por más
pendejas que parezcan.
Baudelaire bien lo dijo “hay que trabajar,
sino por gusto, al menos por desesperación, ya que está comprobado que trabajar
es menos fastidioso que divertirse”. Parece que con el honor sucede lo mismo.
Strindbberg… “Me ocultó tras la pared, me
meto detrás de las puertas, ante las chimeneas. Pero en todas partes, en todas,
me hallan las furias. La angustia moral me vence, el pánico se apodera de mi,
por todo y por nada…”
La moral y la voluntad vienen en una
vorágine de desesperación, de instintos humanos. El amor y el deseo son
instintos intelectualizados que han cambiado tanto que me dan pena
mencionarlos.
Debimos ser como Maldoror: “Hay quienes
escriben para lograr los aplausos humanos mediante nobles cualidades del
corazón, que la fantasía inventa o que ellos pueden tener. Pero yo hago servir
mi genio para representar las delicias de la crueldad”.
¿Estoy siendo cruel? Entonces continuaré
con algo más de aquel Conde: “Delicias ni efímeras ni artificiales sino que, nacidas
con el hombre, terminarán cuando él termine”.
¿Por qué nos preocupamos por todo eso?
Gómez de la Serna dice “según eso, el mundo se come como un gran melón”.
Sencillo y banal, sin pretensiones ¿no? Él mismo dice que “las mujeres hermosas
estarían más rebeldes sino las engañase la velocidad de los automóviles y
muchos matrimonios se romperían sino se perdonasen y se soportasen gracias a la
velocidad de todas las tardes. En la velocidad se consienten muchas cosas”
Saquemos otro libro para observar lo complicado
que es esto del honor, que viene con un instructivo en el amor occidental.
Novalis escribió “Levantas las alas pesadas
del espíritu. Sentimos movernos inexpresables y obscuros…”
Y como vil canción de Radiohead todo nos
remonta a la tristeza y por eso sin éxito no apareceríamos en el opening de las
Olimpiadas… o equis evento mundano.
Citamos a Milton: ¡Eres tú aquel ángel
traidor el primero que infringió la paz y la fe del cielo, respetadas hasta
entonces, y el que en su orgullosa rebelión arrastró consigo a la tercera parte
de los espíritus celestes conjurados contra el Altísimo? Tú y ello desechados
de Dios…”
Uta madre ¡qué horrible ser un desecho de
Dios! Su Dios… “O sea”.
Al final de cuentas somos turistas del
dolor ¿pero dónde queda el honor?
Galaor: “Pero, si se advierte que sufres;
mejor te daré el paraíso; y acuérdate de tus pecados… no te espante vivir
alucinada, los buenos anacoretas vueltos a la razón cuidarán solícitamente de
ti; te han perdonado y te vestirán y te alimentarán; también te nutrirán con el
líquido rojizo que turba los sentidos y baja el cielo a la tierra…”
Y como yo no tengo las palabras para poder
concluir todo esto, ya que me dio hueva pensar y me dediqué a sacar tantos
putos libros… ¡Blake señores!
“Así olvidaron los hombre que todas las
deidades residen en el corazón”.
El honor.
miércoles, 17 de junio de 2015
Conversación entre dos borrachos que pretenden a la misma mujer; ausente.
Filosofalmente hablando, el fin del placer es lo añorado.
Llevarlo a un proceso penal es de más culto, en una política conservadora y
culera, mal pedo. En Alemania el matrimonio homosexual está prohibido. Huevos.
Yo amaba a los alemanes...
La Ciudad de México es una onda diferente, democráticamente
más desarrollados.
Las personas más democráticas en este país están en la
ciudad de México, equiparable a una ciudad de primer mundo... Con todo y
nuestros defectos, claro, que el primer mundo con su tecnología puede suprimir.
No somos pendejos.
Mandamos un mensaje.
Tenemos a la ciudad, agarrada de los huevos.
Emoticono smile
Saludos.
_________________________________________________________
¿Por qué les horroriza el mestizaje mexicano? Si no
cumplimos el estereotipo occidental de belleza...
Mexicanos menos morenos que se sienten menos, me cagan. No
los mexicanos que se sienten más porque una corporativa los empleo. Racialmente
los más representativos, son mexicanos nacidos en estados unidos. Jajaja. Dani
Trejo occidentalmente es feo, es mexicano.
Ja. "Roberto Sosa", o como se llame, pinche
alcohólico. ¿Qué pedo tienen con las drogas mexicanas? ¿El mezcal y el tequila?
Bueno es que sí nos pasamos de listos... Demasiado hedonistas cuando bebemos
eso... Hedonistas en el mal pedo, no en el sentido Oscar Wilde... En el sentido
mal pedo.
______________________________________________________________
Somos un país que tiene recursos pero somos racistas,
culeros. Preferimos a un wey que nos sirvan en un restaurante donde el mesero
sea güero de ojo azul que una fonda donde vendan picante y nos sirva un prieto
gordo piel morena.
¡Sigamos así! ¡Qué nos cargue la verga!
Los judíos se mezclan con todos, el judío mexicano solo se
mezclan entre ellos.
Espero haber aprendido algo.
____________________________________________
Me gustaría preguntarle a Carlos Fuentes que cuando escribió
"la región más transparente", ¿se inspiro en Manhattan transfer de
John Dos Passos?
No sé...
Solo me enamoraría de alguien que contestara mi pregunta.
Por eso, amo a Dolores, exclusivamente.
El amor es una estupidez.
Pero el amor es como un perro... Te muerde la mano cuando se
la das con un pedazo de carne, y así mismo te la puede lamer.
______________________________________________________________
Escribí una novela estructurada con relatos. De pronto
narro. La transpolación del alter ego para que sea confortable la ficción.
Tiene muchas formas de expresar la narración cotidiana del
mexicano.
Tiene un hilo.
Todos desean algo con devoción.
Yo deseo trascender.
O ganarme el melate Emoticono pacman Pero eso, no está en
mis manos.
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«Fact isn't
what you see ...
not what it
used to be.»
miércoles, 25 de marzo de 2015
Sentido del humor negro, sarcástico que se expande a la filosofía y a la cultura.
Extraído de la obra literaria El diccionario del
Diablo, de Ambrose Bierce. Chistoso, de finales del siglo XIX.
De la letra “P”, un poco:
Paciencia. S. Forma menor de la desesperación,
disfrazada de virtud.
Pagano. Ser descarriado que incurre en la locura de
adorar lo que puede ver y sentir.
Palacio. Residencia bella y costosa, particularmente la
de un funcionario a residencia de un alto dignatario de la iglesia se llama
palacio; la de un fundador de su religión se llamaba pajar o pesebre. El
progreso existe.
Palillos de incienso.
Pajuelas que queman los chinos, en el ejercicio de sus payasadas
paganas, imitando ciertos ritos sagrados de nuestra sagrada religión.
Paraíso. S.
Lugar donde los malvados cesan de perturbarnos hablando de sus asuntos personales
y los buenos escuchan con atención mientras exponemos los nuestros.
Pasaporte. S. Documento que se inflige de forma
traidora a un ciudadano que sale de su país, denunciándolo como extranjero y
exponiéndolo al ultraje, racismo y reprobación.
Pasatiempo. Artificio
que promueve el tedio. Ejercicio moderado de la debilidad intelectual.
Paz. S. En política internacional, época de engaño
entre dos épocas de lucha.
Peligro. Bestia
salvaje que el hombre desprecia cuando está dormida, y de la que huye cuando
está despierta.
Pereza: Injustificada dignidad de morales en una
persona de baja categoría.
Perro: s. Especie de Divinidad adicional o
suplementaria, destinada a recibir el excedente del sedosas, ocupa en el corazón de la mujer el
lugar al que ningún hombre aspira. El
perro es una supervivencia, un anacronismo. No trabaja ni hila, pero Salomón,
en toda su gloria, jamás yació todo el día en una estera, engordando al sol,
mientras su amo trabajaba para poder comprar un ocioso meneo de la cola salomónica
y una mirada de tolerante reconocimiento.
Pesimismo. S.
Filosofía impuesta al observador por el ddesalentador predominio del optimista,
con esperanza de espantapájaros y su abominable sonrisa.
Placer. La
forma menos detestable del tedio.
Plagiar. Asumir el pensamiento o el estilo de otro
escritor, a quien uno jamás ha leído.
Planear. V. t.
Preocuparse por el mejor método de conseguir un resultado casual.
Plebiscito. S.
Votación popular para establecer la voluntad del amo.
Pleito. s.
Máquina en la que se entra en forma de cerdo y se sale en forma de salchicha.
Pobreza. S.
Lima para que claven los dientes las ratas de la reforma. El número de planes
para abolirla iguala al de reformadores que la padecer, más el de filósofos que
la ignoran. Sus víctimas se distinguen por la posesión de todas las virtudes, y
por su fe en líderes que quieren conducirlas a una prosperidad donde creen que
esas virtudes son desconocidas.
Policía. Fuerza armada destinada a asegurar la
protección del expolio.
Poseso. Adj. Trastornado por un espíritu maligno,
como los cerdos de Gadarene y otros críticos. La posesión demoniaca era antaño
más frecuente que ahora.
Arasthus nos habla de un campesino que era ocupado por un
demonio diferente cada día de la semana, y el domingo por dos. Se le veía a
menudo, siempre caminando a su sombra, pero finalmente fueron por el notario de la aldea, que era un santo varón; cierto es que con ellos
desapareció también el campesino, pues se lo llevaron.
Un demonio, expulsado de una mujer por el arzobispo de Reims
corrió, por las calles, perseguido por un centenar de personas hasta llegar a
campo abierto donde dio un brinco más alto que el campanario de una iglesia y
escapó convertido en pájaro. Un capellán del ejército de Cromwell exorcizó a un
soldado arrojándolo al agua, donde su demonio salió a la superficie. No ocurrió
lo mismo, infortunadamente con el soldado.
Precipitación. Prisa de los torpes.
Prejuicio. Opinión vagabunda sin medios visibles de sostén.
Prerrogativa. Derecho de un soberano a obrar mal.
Presidente. S. Figura dominante en un grupito de
hombres que son los únicos de los que se sabe con certeza que la inmensa
mayoría de sus compatriotas no deseaban que llegaran a la presidencia.
Prisión. S. Lugar de castigos y recompensas. El poeta
nos asegura que: “No los muros de piedra hacen prisiones”, pero en combinación
del muro de piedra, el parásito político y el profesor de moral, no es el
jardín de las delicias.
Procaz. Adj. Dícese del lenguaje que usan otros para
criticarnos.
Profecía. S.
Arte y práctica de vender nuestra credibilidad con entrega diferida.
Prójimo. Aquel
a quien nos está ordenado amar como a nosotros mismos, pero que hace todo lo
posible para que desobedezcamos.
Publicar. V. t. En asuntos literarios, situarse en la
base de un cono de críticos.
martes, 3 de marzo de 2015
Ella lo besará hasta que sangren sus labios.
Un viejo marinero se casó con una puta de puerto, en el mar
del norte donde no hay puertos ni barcos, decepcionado el marinero mató a su
suripanta, por haberle pegado un chancro sifilítico en la boca cuando se dedicaba
a proporcionarle cunnilingus.
La porteña al morir dejó en su testamento que los dineros,
fruto de su encoñable esfuerzo, pasaran a una casa de retiro de prostitutas
viejas, situación que al marinero le produjo un odio espantoso, pues su
esfuerzo por matar a su amada, así como sus malabáricos esfuerzos por engañar a
la policía se vieron infructuosos.
La llaga sifilítica que adornaba la boca de nuestro
navegante, fue creciendo pululando a mansalva y sin misericordia, por lo que ni
la piruja más vieja y fea le hacía caso, por lo que se dedicó a masturbarse en
la tumba de su occisa puta amada, y todo el pueblo lo recordó como el marinero
puñetero de panteón; diferentes medios de comunicación vinieron a su encuentro,
hasta que dio con él un prestigiado laboratorio Belga que se dedicaba a la
experimentación de medicamentos, ofreciéndole la cura para su llaga sifilítica,
por lo que le pagaron el viaje a Europa, su estancia en Bruselas y hasta sus
clases de Flamenco.
Después de un tiempo, casi un año, nuestro nauta se curó,
por lo que fue invitado a varias conferencias medicas por el resultado del
nuevo y milagroso medicamento, ahí conoció a otra puta ahora una puta de
conferencias, de esas que en toda convención de médicos, científicos, etc.
aparecen, esta vez nuestro marinero fue asesinado por su sexo servidora de
convenciones, por haberle pegado la sífilis, situación que desacredito al
prestigioso laboratorio belga, a pesar de todo, en nuestra historia como en
tantas otras, cabe un mensaje: nunca se sabe a dónde te puede llevar una puta,
pero siempre se sabe que es una puta.
viernes, 10 de octubre de 2014
Mi fiesta.
Tengo un pinche problemita de identidad cultural. Miren, les explico. Todos los autores que me gustan, mis ídolos; todos ellos abusaban del alcohol, las drogas... He de detenerme aquí un momento para aclararles que a todos nos gustan las drogas, que todos las usamos y redundo en mi conjunción, "el alcohol y las drogas", puesto que el alcohol es una droga.
Quiero decir que, si hiciera una fiesta en este momento, les platicaré...
¿Quieren que les platique? Si no quieren pues ni modos. Lo escribiré. Ya saben que me gusta escribir. Haré mi fiesta perfecta en unas líneas. Lo imaginaré. ¡La peda perfecta!
¿A qué personaje celebre invitarían?
El tabaco es una droga, el sexo es una droga, el amor es una droga, el alcohol es una droga... El ego nos droga.
Quiero decir que, si hiciera una fiesta en este momento, les platicaré...
¿Quieren que les platique? Si no quieren pues ni modos. Lo escribiré. Ya saben que me gusta escribir. Haré mi fiesta perfecta en unas líneas. Lo imaginaré. ¡La peda perfecta!
¿A qué personaje celebre invitarían?
El tabaco es una droga, el sexo es una droga, el amor es una droga, el alcohol es una droga... El ego nos droga.
“Nuestra fiesta”.
En el supuesto que pudiésemos invitar a cualquiera (porque en realidad somos bien pinches simples y nacos y dudo que aceptasen nuestra invitación el cincuenta por ciento de las personas que nombraremos) empecemos con una corta lista de invitados:
Pensé en invitar a Kurt Cobain, pero la neta, ¿quién quiere a alguien así en una fiesta? No nos van a dar un concierto, pero, ¿para qué quiero una persona bien depresiva y volátil en mi fiesta? Va a empezar a destruir cosas y se va a pasar la noche llorando. Entonces a él no.
Luego pensé en Carlos Fuentes, pero entonces la fiesta tendría que tener un tono de Mad Men y la neta eso de los coctelitos no me late, pero bueno, lo invitaría, para darnos el tono intelectual adobado de lo que significa ser mexicanitos.
La verdad si invitaría a Jim Morrison pero con sus cuates para que lo controlaran, y eso digamos que a las once de la noche le tendríamos que inventar algo para que se fuera.
A David Byrne. Wow. Tendría que moderar mi consumo de alcohol para poder platicar con él.
Me gusta mucho Willian Burroughs pero la neta no lo invitaría, eso de andarlo cuidando y limpiando sus meados y vomitadas me estresaría. Le toleraría que matara a su mujer frente a mí pero los meados no. Con eso de que le gustan los insecticidas…
Sí invitara a Edgar Allan Poe. El pedo es que cuando ande bien pedo ¿cómo lo vamos a sacar? Con eso de que tengo unos vecinos bien mamones… Pero digamos que las primeras tres horas de la borrachera sería muy agradable .
Ya que estamos de obscuros invitaría a Peter Murphy y al Daniel Ash, bueno a todos los Bauhaus, pero, ¿qué creen? No vendrían. No les gusta tomar de caguama. Son muy “fashion” según. Pero lo pensarían cuando les informe que viene Baudelaire, que aunque no nos baja de nacos somos interesantes por lo mismo y con aquello de su pinche onda del Spleen tiene que proyectarse. Obvio que invitaríamos a todos los poetas malditos y entonces la fiesta se empieza a poner densa, porque imaginen a Rimbaud en una esquina y a Verlaine dándose besos. Y Poe va a empezar a correr el ajenjo y la absenta y el opio… La fiesta se torna densa, ou yeah! Demasiado para el plurifamiliar en el que vivo.
Invitamos también a Allan Gingsberg y hasta al Octavio Paz y el Homero Aridjis, y como hay que tener un puerquito de quien burlarnos pues que traigan al Jaime Sabines.
Necesitamos viejas… Frida, no me gusta pero pues la invitamos para que se chingue unos tequilas. A la Virginia Wolf, que aunque sabemos que a las dos horas se va a suicidar, pues el chiste es que no parezca una fiesta de ingeniería del Poli. También invitamos a Marie Curie esperando que nadie se asuste por los pelos que deja en el baño… O en los vasos. O si bien les va, encima de ellos. O que vomite no precisamente por andar peda.
Oh, ya tardezón le echaríamos un telefonazo al Fellini para que traiga al Mastroianni y unas chavas, de esas “así ya saben”… No se confundan pura gata de angora.
Se entera el Pier Paolo, pero a veces se torna medio irritante la velada porque se la pasa presumiendo su gran idea de darle de comer a la gente caca y se cree hipster y saca su pan con nutella en algún momento y la neta lo que todo pedo quiere son tacos al pastor.
José Agustín sería de los primeros en llegar pero que no traiga a su pinche amigo el insufrible René Avilés, porque a todo mundo le cae gordo la verdad. Igual llega con el Parmenides que ya traería como veinte fiestas acumuladas pero lo chido de ese wey es que siempre llega con chelas. Gustavo Sainz para controlarlos.
Ahora imaginen mi departamento de 60 metros cuadrados con toda esa gente, y todavía faltan invitados… Por eso no los invito a ustedes amigos del feis a mi fiesta, porque siempre está lleno.
Lo chido viene a media noche. Llega Phillip K. Dick. Y entonces agradezco a mi moral no haber tomado como estúpida. Claro en su portafolios traería una botica, diría que llego a esa hora porque unos extraterrestres lo perseguían. Sonaría el timbre de la puerta, serían los hermanos Wachowski, claro, uno de ellos ya convertido en vieja. Vendrían acompañados de Lars Von Trier, que vendrían en rictus de saludo nazi, pero no crean que por nazi sino porque le da miedo volar y como tuvo que dejar su pulcra, acética y desarrollada Dinamarca y de camino del aeropuerto pa’acá pasó por Tepito; de eso se tratará su próxima película.
En mi casa hay una regla, se sirve caguama, cosa con lo que estaría de acuerdo Quentin Tarantino, el cual siempre llega tarde por la diferencia horaria de los Angeles con Ciudad de México. Se trae al Robert y a la Michelle, a veces viene Danny aunque tiene que dejar su identificación en vigilancia, pinche gente, nada más porque traes unos tatuajes y tienes cara de pinche perro mal viviente te piden en chinga una credencial.
Para esto ya había llegado a la fiesta a decir groserías en francés antiguo Francois Rebalais. Nadie lo pelaba, pero es mi invitado, así somos todos, tenemos amigos que le caen mal al vox populi; lo bueno que hizo comparsa con Amandititita que la trajo su papá pero se fue a otra pachanga, porque no había cumbias en mi casa aunque yo le dije “espérate wey, ahorita se pone chido”, claro se lo dije con un temor a que regresara y sí, regresó tocando rolitas de una pachequez en tonos sociales y esas cosas. Yo le di un boleto del metro para que me lo firmara y aguantara vara, pero cuando estaba bailando con el perro supe que ya no era necesario nada.
Pinche fiesta… Se empieza a descomponer justo cuando llega Monsiváis. Yo la neta, lo dejé entrar porque intuí que alguien lo invitó. Pero empezó a chingar de inmediato con que no invitamos a su pinche amiga Elena y que su amigo el Gabo. Todo mundo guardó un silencio incomodo y nos acordamos de nuestra comprometida beca del conaculta. Vale madre, que sofisticadas maneras de arruinarle a uno la peda.
Llegó el Wagner con su amigo el bigotón apelabase el “Fede”. ¡Pinches alemanes! Luego luego a criticar. A presumir que ganaron el futbol y esas cosas… Lo bueno que mi carnalo el Jorgito Orwell los paro de culo (jajajajaja ya estábamos bien pedos) y les preguntó, “¿por qué no ganaron la guerra entonces?”. No faltó el pinche morenazi que los defendiera pero les aventamos bolillos duros con salchicha Fud y se callaron... Algunos se los comieron pero no hablaré de eso porque es la tesis de un amigo mío de la UAM que también asistió (y no es René, eh).
Como fue el héroe de la fiesta Orwell, tuvimos que poner lo que nos pedía de música y como era fan de música de los ochentas, pusimos a Blondie. Todo mundo preguntaba porque no vino esa vieja. Era demasiado güera para nosotros, vacilábamos.
Llegó Martin Gore y que pena… No faltó el oportunista que le quiso vender unas cremas de Avon para el cutis y lencería. Como es chidísimo ese wey ¡compró todo el catálogo!
Tom York me mandó un mensajito diciendo que no venía… Yo sé que es porque ya pedos todos se lo empiezan a cotorrear con que se salió de un cuento de gnomos… Sobre todo el Tolkien se lo empieza a cabulear, “yo me inspiré en ti, yo me inspiré en ti”, y cuando York le dice que eso no es posible sale David Cronenberg a decir “esta fiesta tampoco es posible”, lo que afirma David Linch y entonces le marcan… Y el baño ya está todo guacareado. ¿A quién creen que le marcaron? Pus al Kurosawa.
La fiesta después de tantas drogas y reclamos de los vecinos que porque olía a petate quemado, tuvo que ceder cuando llegó la policía.
Todos se fueron sumamente decepcionados. Los romanos ya no alcanzaron a llegar, los griegos nos despreciaron y terminé mi fiesta con canciones de Café Tacuba.
Al otro día el único que nos acompañó a la pancita fue Hemingway.
Papini llegaría al otro día argumentando que le cae gorda la gente… Yo le diría “a mí también, por eso mis fiestas imaginarias”.
Pensé en invitar a Kurt Cobain, pero la neta, ¿quién quiere a alguien así en una fiesta? No nos van a dar un concierto, pero, ¿para qué quiero una persona bien depresiva y volátil en mi fiesta? Va a empezar a destruir cosas y se va a pasar la noche llorando. Entonces a él no.
Luego pensé en Carlos Fuentes, pero entonces la fiesta tendría que tener un tono de Mad Men y la neta eso de los coctelitos no me late, pero bueno, lo invitaría, para darnos el tono intelectual adobado de lo que significa ser mexicanitos.
La verdad si invitaría a Jim Morrison pero con sus cuates para que lo controlaran, y eso digamos que a las once de la noche le tendríamos que inventar algo para que se fuera.
A David Byrne. Wow. Tendría que moderar mi consumo de alcohol para poder platicar con él.
Me gusta mucho Willian Burroughs pero la neta no lo invitaría, eso de andarlo cuidando y limpiando sus meados y vomitadas me estresaría. Le toleraría que matara a su mujer frente a mí pero los meados no. Con eso de que le gustan los insecticidas…
Sí invitara a Edgar Allan Poe. El pedo es que cuando ande bien pedo ¿cómo lo vamos a sacar? Con eso de que tengo unos vecinos bien mamones… Pero digamos que las primeras tres horas de la borrachera sería muy agradable .
Ya que estamos de obscuros invitaría a Peter Murphy y al Daniel Ash, bueno a todos los Bauhaus, pero, ¿qué creen? No vendrían. No les gusta tomar de caguama. Son muy “fashion” según. Pero lo pensarían cuando les informe que viene Baudelaire, que aunque no nos baja de nacos somos interesantes por lo mismo y con aquello de su pinche onda del Spleen tiene que proyectarse. Obvio que invitaríamos a todos los poetas malditos y entonces la fiesta se empieza a poner densa, porque imaginen a Rimbaud en una esquina y a Verlaine dándose besos. Y Poe va a empezar a correr el ajenjo y la absenta y el opio… La fiesta se torna densa, ou yeah! Demasiado para el plurifamiliar en el que vivo.
Invitamos también a Allan Gingsberg y hasta al Octavio Paz y el Homero Aridjis, y como hay que tener un puerquito de quien burlarnos pues que traigan al Jaime Sabines.
Necesitamos viejas… Frida, no me gusta pero pues la invitamos para que se chingue unos tequilas. A la Virginia Wolf, que aunque sabemos que a las dos horas se va a suicidar, pues el chiste es que no parezca una fiesta de ingeniería del Poli. También invitamos a Marie Curie esperando que nadie se asuste por los pelos que deja en el baño… O en los vasos. O si bien les va, encima de ellos. O que vomite no precisamente por andar peda.
Oh, ya tardezón le echaríamos un telefonazo al Fellini para que traiga al Mastroianni y unas chavas, de esas “así ya saben”… No se confundan pura gata de angora.
Se entera el Pier Paolo, pero a veces se torna medio irritante la velada porque se la pasa presumiendo su gran idea de darle de comer a la gente caca y se cree hipster y saca su pan con nutella en algún momento y la neta lo que todo pedo quiere son tacos al pastor.
José Agustín sería de los primeros en llegar pero que no traiga a su pinche amigo el insufrible René Avilés, porque a todo mundo le cae gordo la verdad. Igual llega con el Parmenides que ya traería como veinte fiestas acumuladas pero lo chido de ese wey es que siempre llega con chelas. Gustavo Sainz para controlarlos.
Ahora imaginen mi departamento de 60 metros cuadrados con toda esa gente, y todavía faltan invitados… Por eso no los invito a ustedes amigos del feis a mi fiesta, porque siempre está lleno.
Lo chido viene a media noche. Llega Phillip K. Dick. Y entonces agradezco a mi moral no haber tomado como estúpida. Claro en su portafolios traería una botica, diría que llego a esa hora porque unos extraterrestres lo perseguían. Sonaría el timbre de la puerta, serían los hermanos Wachowski, claro, uno de ellos ya convertido en vieja. Vendrían acompañados de Lars Von Trier, que vendrían en rictus de saludo nazi, pero no crean que por nazi sino porque le da miedo volar y como tuvo que dejar su pulcra, acética y desarrollada Dinamarca y de camino del aeropuerto pa’acá pasó por Tepito; de eso se tratará su próxima película.
En mi casa hay una regla, se sirve caguama, cosa con lo que estaría de acuerdo Quentin Tarantino, el cual siempre llega tarde por la diferencia horaria de los Angeles con Ciudad de México. Se trae al Robert y a la Michelle, a veces viene Danny aunque tiene que dejar su identificación en vigilancia, pinche gente, nada más porque traes unos tatuajes y tienes cara de pinche perro mal viviente te piden en chinga una credencial.
Para esto ya había llegado a la fiesta a decir groserías en francés antiguo Francois Rebalais. Nadie lo pelaba, pero es mi invitado, así somos todos, tenemos amigos que le caen mal al vox populi; lo bueno que hizo comparsa con Amandititita que la trajo su papá pero se fue a otra pachanga, porque no había cumbias en mi casa aunque yo le dije “espérate wey, ahorita se pone chido”, claro se lo dije con un temor a que regresara y sí, regresó tocando rolitas de una pachequez en tonos sociales y esas cosas. Yo le di un boleto del metro para que me lo firmara y aguantara vara, pero cuando estaba bailando con el perro supe que ya no era necesario nada.
Pinche fiesta… Se empieza a descomponer justo cuando llega Monsiváis. Yo la neta, lo dejé entrar porque intuí que alguien lo invitó. Pero empezó a chingar de inmediato con que no invitamos a su pinche amiga Elena y que su amigo el Gabo. Todo mundo guardó un silencio incomodo y nos acordamos de nuestra comprometida beca del conaculta. Vale madre, que sofisticadas maneras de arruinarle a uno la peda.
Llegó el Wagner con su amigo el bigotón apelabase el “Fede”. ¡Pinches alemanes! Luego luego a criticar. A presumir que ganaron el futbol y esas cosas… Lo bueno que mi carnalo el Jorgito Orwell los paro de culo (jajajajaja ya estábamos bien pedos) y les preguntó, “¿por qué no ganaron la guerra entonces?”. No faltó el pinche morenazi que los defendiera pero les aventamos bolillos duros con salchicha Fud y se callaron... Algunos se los comieron pero no hablaré de eso porque es la tesis de un amigo mío de la UAM que también asistió (y no es René, eh).
Como fue el héroe de la fiesta Orwell, tuvimos que poner lo que nos pedía de música y como era fan de música de los ochentas, pusimos a Blondie. Todo mundo preguntaba porque no vino esa vieja. Era demasiado güera para nosotros, vacilábamos.
Llegó Martin Gore y que pena… No faltó el oportunista que le quiso vender unas cremas de Avon para el cutis y lencería. Como es chidísimo ese wey ¡compró todo el catálogo!
Tom York me mandó un mensajito diciendo que no venía… Yo sé que es porque ya pedos todos se lo empiezan a cotorrear con que se salió de un cuento de gnomos… Sobre todo el Tolkien se lo empieza a cabulear, “yo me inspiré en ti, yo me inspiré en ti”, y cuando York le dice que eso no es posible sale David Cronenberg a decir “esta fiesta tampoco es posible”, lo que afirma David Linch y entonces le marcan… Y el baño ya está todo guacareado. ¿A quién creen que le marcaron? Pus al Kurosawa.
La fiesta después de tantas drogas y reclamos de los vecinos que porque olía a petate quemado, tuvo que ceder cuando llegó la policía.
Todos se fueron sumamente decepcionados. Los romanos ya no alcanzaron a llegar, los griegos nos despreciaron y terminé mi fiesta con canciones de Café Tacuba.
Al otro día el único que nos acompañó a la pancita fue Hemingway.
Papini llegaría al otro día argumentando que le cae gorda la gente… Yo le diría “a mí también, por eso mis fiestas imaginarias”.
Agnes Milk.
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