viernes, 10 de octubre de 2014

Mi fiesta.

Tengo un pinche problemita de identidad cultural. Miren, les explico. Todos los autores que me gustan, mis ídolos; todos ellos abusaban del alcohol, las drogas... He de detenerme aquí un momento para aclararles que a todos nos gustan las drogas, que todos las usamos y redundo en mi conjunción, "el alcohol y las drogas", puesto que el alcohol es una droga.
Quiero decir que, si hiciera una fiesta en este momento, les platicaré...
¿Quieren que les platique? Si no quieren pues ni modos. Lo escribiré. Ya saben que me gusta escribir. Haré mi fiesta perfecta en unas líneas. Lo imaginaré. ¡La peda perfecta!
¿A qué personaje celebre invitarían?
El tabaco es una droga, el sexo es una droga, el amor es una droga, el alcohol es una droga... El ego nos droga.
“Nuestra fiesta”.
En el supuesto que pudiésemos invitar a cualquiera (porque en realidad somos bien pinches simples y nacos y dudo que aceptasen nuestra invitación el cincuenta por ciento de las personas que nombraremos) empecemos con una corta lista de invitados:
Pensé en invitar a Kurt Cobain, pero la neta, ¿quién quiere a alguien así en una fiesta? No nos van a dar un concierto, pero, ¿para qué quiero una persona bien depresiva y volátil en mi fiesta? Va a empezar a destruir cosas y se va a pasar la noche llorando. Entonces a él no.
Luego pensé en Carlos Fuentes, pero entonces la fiesta tendría que tener un tono de Mad Men y la neta eso de los coctelitos no me late, pero bueno, lo invitaría, para darnos el tono intelectual adobado de lo que significa ser mexicanitos.
La verdad si invitaría a Jim Morrison pero con sus cuates para que lo controlaran, y eso digamos que a las once de la noche le tendríamos que inventar algo para que se fuera.
A David Byrne. Wow. Tendría que moderar mi consumo de alcohol para poder platicar con él.
Me gusta mucho Willian Burroughs pero la neta no lo invitaría, eso de andarlo cuidando y limpiando sus meados y vomitadas me estresaría. Le toleraría que matara a su mujer frente a mí pero los meados no. Con eso de que le gustan los insecticidas…
Sí invitara a Edgar Allan Poe. El pedo es que cuando ande bien pedo ¿cómo lo vamos a sacar? Con eso de que tengo unos vecinos bien mamones… Pero digamos que las primeras tres horas de la borrachera sería muy agradable .
Ya que estamos de obscuros invitaría a Peter Murphy y al Daniel Ash, bueno a todos los Bauhaus, pero, ¿qué creen? No vendrían. No les gusta tomar de caguama. Son muy “fashion” según. Pero lo pensarían cuando les informe que viene Baudelaire, que aunque no nos baja de nacos somos interesantes por lo mismo y con aquello de su pinche onda del Spleen tiene que proyectarse. Obvio que invitaríamos a todos los poetas malditos y entonces la fiesta se empieza a poner densa, porque imaginen a Rimbaud en una esquina y a Verlaine dándose besos. Y Poe va a empezar a correr el ajenjo y la absenta y el opio… La fiesta se torna densa, ou yeah! Demasiado para el plurifamiliar en el que vivo.
Invitamos también a Allan Gingsberg y hasta al Octavio Paz y el Homero Aridjis, y como hay que tener un puerquito de quien burlarnos pues que traigan al Jaime Sabines.
Necesitamos viejas… Frida, no me gusta pero pues la invitamos para que se chingue unos tequilas. A la Virginia Wolf, que aunque sabemos que a las dos horas se va a suicidar, pues el chiste es que no parezca una fiesta de ingeniería del Poli. También invitamos a Marie Curie esperando que nadie se asuste por los pelos que deja en el baño… O en los vasos. O si bien les va, encima de ellos. O que vomite no precisamente por andar peda.
Oh, ya tardezón le echaríamos un telefonazo al Fellini para que traiga al Mastroianni y unas chavas, de esas “así ya saben”… No se confundan pura gata de angora.
Se entera el Pier Paolo, pero a veces se torna medio irritante la velada porque se la pasa presumiendo su gran idea de darle de comer a la gente caca y se cree hipster y saca su pan con nutella en algún momento y la neta lo que todo pedo quiere son tacos al pastor.
José Agustín sería de los primeros en llegar pero que no traiga a su pinche amigo el insufrible René Avilés, porque a todo mundo le cae gordo la verdad. Igual llega con el Parmenides que ya traería como veinte fiestas acumuladas pero lo chido de ese wey es que siempre llega con chelas. Gustavo Sainz para controlarlos.
Ahora imaginen mi departamento de 60 metros cuadrados con toda esa gente, y todavía faltan invitados… Por eso no los invito a ustedes amigos del feis a mi fiesta, porque siempre está lleno.
Lo chido viene a media noche. Llega Phillip K. Dick. Y entonces agradezco a mi moral no haber tomado como estúpida. Claro en su portafolios traería una botica, diría que llego a esa hora porque unos extraterrestres lo perseguían. Sonaría el timbre de la puerta, serían los hermanos Wachowski, claro, uno de ellos ya convertido en vieja. Vendrían acompañados de Lars Von Trier, que vendrían en rictus de saludo nazi, pero no crean que por nazi sino porque le da miedo volar y como tuvo que dejar su pulcra, acética y desarrollada Dinamarca y de camino del aeropuerto pa’acá pasó por Tepito; de eso se tratará su próxima película.
En mi casa hay una regla, se sirve caguama, cosa con lo que estaría de acuerdo Quentin Tarantino, el cual siempre llega tarde por la diferencia horaria de los Angeles con Ciudad de México. Se trae al Robert y a la Michelle, a veces viene Danny aunque tiene que dejar su identificación en vigilancia, pinche gente, nada más porque traes unos tatuajes y tienes cara de pinche perro mal viviente te piden en chinga una credencial.
Para esto ya había llegado a la fiesta a decir groserías en francés antiguo Francois Rebalais. Nadie lo pelaba, pero es mi invitado, así somos todos, tenemos amigos que le caen mal al vox populi; lo bueno que hizo comparsa con Amandititita que la trajo su papá pero se fue a otra pachanga, porque no había cumbias en mi casa aunque yo le dije “espérate wey, ahorita se pone chido”, claro se lo dije con un temor a que regresara y sí, regresó tocando rolitas de una pachequez en tonos sociales y esas cosas. Yo le di un boleto del metro para que me lo firmara y aguantara vara, pero cuando estaba bailando con el perro supe que ya no era necesario nada.
Pinche fiesta… Se empieza a descomponer justo cuando llega Monsiváis. Yo la neta, lo dejé entrar porque intuí que alguien lo invitó. Pero empezó a chingar de inmediato con que no invitamos a su pinche amiga Elena y que su amigo el Gabo. Todo mundo guardó un silencio incomodo y nos acordamos de nuestra comprometida beca del conaculta. Vale madre, que sofisticadas maneras de arruinarle a uno la peda.
Llegó el Wagner con su amigo el bigotón apelabase el “Fede”. ¡Pinches alemanes! Luego luego a criticar. A presumir que ganaron el futbol y esas cosas… Lo bueno que mi carnalo el Jorgito Orwell los paro de culo (jajajajaja ya estábamos bien pedos) y les preguntó, “¿por qué no ganaron la guerra entonces?”. No faltó el pinche morenazi que los defendiera pero les aventamos bolillos duros con salchicha Fud y se callaron... Algunos se los comieron pero no hablaré de eso porque es la tesis de un amigo mío de la UAM que también asistió (y no es René, eh).
Como fue el héroe de la fiesta Orwell, tuvimos que poner lo que nos pedía de música y como era fan de música de los ochentas, pusimos a Blondie. Todo mundo preguntaba porque no vino esa vieja. Era demasiado güera para nosotros, vacilábamos.
Llegó Martin Gore y que pena… No faltó el oportunista que le quiso vender unas cremas de Avon para el cutis y lencería. Como es chidísimo ese wey ¡compró todo el catálogo!
Tom York me mandó un mensajito diciendo que no venía… Yo sé que es porque ya pedos todos se lo empiezan a cotorrear con que se salió de un cuento de gnomos… Sobre todo el Tolkien se lo empieza a cabulear, “yo me inspiré en ti, yo me inspiré en ti”, y cuando York le dice que eso no es posible sale David Cronenberg a decir “esta fiesta tampoco es posible”, lo que afirma David Linch y entonces le marcan… Y el baño ya está todo guacareado. ¿A quién creen que le marcaron? Pus al Kurosawa.
La fiesta después de tantas drogas y reclamos de los vecinos que porque olía a petate quemado, tuvo que ceder cuando llegó la policía.
Todos se fueron sumamente decepcionados. Los romanos ya no alcanzaron a llegar, los griegos nos despreciaron y terminé mi fiesta con canciones de Café Tacuba.
Al otro día el único que nos acompañó a la pancita fue Hemingway.
Papini llegaría al otro día argumentando que le cae gorda la gente… Yo le diría “a mí también, por eso mis fiestas imaginarias”.
Agnes Milk.