Me gustaba cuando dormía. Si estaba
cansada, sólo dormía, boca abajo desnuda, sin meterse a la cama, el cabello
enmarañado y cuando estaba ebria sudaba y esas supurantes gotas me excitaban.
Una tarde llovía, llegué de trabajar y la
encontré de la manera que les he relatado, preocupado por no estropear el traje
de obrero nice de oficina mis ojos solo la miraron unos segundos pero la imagen
de sus nalgas redondas y bien paradas quedaron impresas mis pensamientos, me
sacaba los zapatos empapados, y comenzaba una canción que no me agrada. La
corbata se me atoro mientras la jalaba, escurriendo agua de lluvia. Quise
llegar rápido al reproductor para quitar la canción. Me atoré con todo,
entonces la mire. La conozco tan bien que se que sabía que yo estaba allí,
frente a ella, arreglándomelas para estar cómodo, tranquilo y seco.
Cuando estuve desnudo quise estar arropado
así que tome un abrigo y desnudo me lo coloqué.
Frente a ella quería agarrarla. Mis manos
heladas la despertarían, ya tenía una erección considerable, que le hubiese
gustado a sus ojos hipnóticos me hubieran mirado, pero no hacía falta su
contemplación, tremendas nalgas bien formadas, con esas piernas delgadas, que
caliginosas yacían en mi cama me invitaban a ser un desconsiderado amante y
manosearlas, pegarles levemente, lamerlas, escupirles, entrometerme en sus
líneas. Tome mi falo y lo pase por su espalda, casi encima de ella procuré no
tocarla con otra parte del cuerpo, ella en un resoplo de vida, me permitió
seguir mi camino hacia su cintura delgada, que siempre me ha gustado, llegué a
sus nalgas y me detuve, queriendo penetrarla pensé en la perfecta situación y
elite de su cuerpo.
Penetrarla era vagamente aceptable. Mis
manos aún frías no pudieron más y tome ambas nalgas tan fuerte que si no estaba
despierta, juró que la desperté, pero ella no se movió, sólo sentí su piel que
se estremecía, caliente recibiendo mi helado temperamento, me senté a su lado y
me masturbe tocando sus nalgas. Las mordí un poco, las lamí, la tentación de
hundirme en sus cavidades me afligía pero recordaba, cada que la veía con esas
ropitas encantadoras, vestidos ceñidos negros, que le apretaban el cuerpo
haciéndola glamurosa, esos jeans ajustados llegando hacia mí con sandalias bien
escogidas donde muestra sus uñas negras bien pintaditas. Esas veces cuando
vamos a cenar y te levantas para hablar por teléfono o al baño y siguiéndote
noto las miradas masculinas sobre tu impetuosa cola que en ocasiones he tenido una
erección viendo los ojos libidinosos de mis contrincantes, a los que desprecias
pero notas. Y me pregunto ¿qué estarán pensando? Lo mismo que yo, las tremendas
ganas de poner las manos y la verga en ese culo tan perfecto. Te ves tan fresa
con jeans, y tan cachonda con tus vestiditos negros.
Y mientras pienso mi falo está más duro,
ella no se mueve ni un milímetro, jugar a la dormida, es me gusta, entonces me
dejará hacer lo mío. No tengo que seducirla, no tengo que decirle cuanto la
amo, o lo deliciosa que es, o que tiene los senos como manzanas de medio kilo
bien maduras y comestibles, ahora no ocupan en mi trabajo, aunque pienso
ligeramente en el vaivén de sus pechos al montarme, en su boca húmeda y las
mordisqueadas que le da a sus labios cuando ella se viene sus nalgas hoy son lo
mejor que hay en el universo. Un dedo mío quiere distraerse y buscar su coño
que supongo ya está caliente y listo, pero no debo excitarla, no podré entonces
derramar mi leche en su cuerpo.
Mientras más cerca estoy de terminar mi
egoísta trabajo, más pienso en ella, en su voz, pero ¡que encantadora es
dormida! ¡más encantadora haciéndose la dormida!
Todas esas cosas sucias que dice, esos ojos
volátiles que despiertan a cualquier hombre en su pasividad molesta de apatía
por el erotismo. Quiero lamerla toda, quiero introducir mi lengua, abrir las
piernas y tomarmela toda ella. Su olor, es eso lo que me hace volar, su sabor,
necesito su sabor en mi boca, en mi verga pero estas nalgas.
Estas nalgas que son perfectas que han
entrado a todos los concursos cada que la odio y siempre gana el primer lugar,
que no te lo diré jamás porque de por si eres una mamoncita creída, pero tus
nalgas tienen el primer lugar de todas las nalgas que he visto y he manoseado.
Y les pego, y tu no dices nada, brincas un
poco pero calladita te ves más bonita, hoy estas preciosa mi amor. Calladita.
Y las muerdo y ahora si tienes que
reaccionar. Un gemido salió de ti pero en lugar de sufrir, levantaste más el
culo y eso me ha puesto mal.
Mi semen se riega entre tus nalgas, mi eco
se ahoga con mi sentimiento pernicioso, todo me da vueltas, necesito un vaso de
agua y me levanto.
En la cocina busco una soda que te guste. Y
yo tomo agua.