Extraído de la obra literaria El diccionario del
Diablo, de Ambrose Bierce. Chistoso, de finales del siglo XIX.
De la letra “P”, un poco:
Paciencia. S. Forma menor de la desesperación,
disfrazada de virtud.
Pagano. Ser descarriado que incurre en la locura de
adorar lo que puede ver y sentir.
Palacio. Residencia bella y costosa, particularmente la
de un funcionario a residencia de un alto dignatario de la iglesia se llama
palacio; la de un fundador de su religión se llamaba pajar o pesebre. El
progreso existe.
Palillos de incienso.
Pajuelas que queman los chinos, en el ejercicio de sus payasadas
paganas, imitando ciertos ritos sagrados de nuestra sagrada religión.
Paraíso. S.
Lugar donde los malvados cesan de perturbarnos hablando de sus asuntos personales
y los buenos escuchan con atención mientras exponemos los nuestros.
Pasaporte. S. Documento que se inflige de forma
traidora a un ciudadano que sale de su país, denunciándolo como extranjero y
exponiéndolo al ultraje, racismo y reprobación.
Pasatiempo. Artificio
que promueve el tedio. Ejercicio moderado de la debilidad intelectual.
Paz. S. En política internacional, época de engaño
entre dos épocas de lucha.
Peligro. Bestia
salvaje que el hombre desprecia cuando está dormida, y de la que huye cuando
está despierta.
Pereza: Injustificada dignidad de morales en una
persona de baja categoría.
Perro: s. Especie de Divinidad adicional o
suplementaria, destinada a recibir el excedente del sedosas, ocupa en el corazón de la mujer el
lugar al que ningún hombre aspira. El
perro es una supervivencia, un anacronismo. No trabaja ni hila, pero Salomón,
en toda su gloria, jamás yació todo el día en una estera, engordando al sol,
mientras su amo trabajaba para poder comprar un ocioso meneo de la cola salomónica
y una mirada de tolerante reconocimiento.
Pesimismo. S.
Filosofía impuesta al observador por el ddesalentador predominio del optimista,
con esperanza de espantapájaros y su abominable sonrisa.
Placer. La
forma menos detestable del tedio.
Plagiar. Asumir el pensamiento o el estilo de otro
escritor, a quien uno jamás ha leído.
Planear. V. t.
Preocuparse por el mejor método de conseguir un resultado casual.
Plebiscito. S.
Votación popular para establecer la voluntad del amo.
Pleito. s.
Máquina en la que se entra en forma de cerdo y se sale en forma de salchicha.
Pobreza. S.
Lima para que claven los dientes las ratas de la reforma. El número de planes
para abolirla iguala al de reformadores que la padecer, más el de filósofos que
la ignoran. Sus víctimas se distinguen por la posesión de todas las virtudes, y
por su fe en líderes que quieren conducirlas a una prosperidad donde creen que
esas virtudes son desconocidas.
Policía. Fuerza armada destinada a asegurar la
protección del expolio.
Poseso. Adj. Trastornado por un espíritu maligno,
como los cerdos de Gadarene y otros críticos. La posesión demoniaca era antaño
más frecuente que ahora.
Arasthus nos habla de un campesino que era ocupado por un
demonio diferente cada día de la semana, y el domingo por dos. Se le veía a
menudo, siempre caminando a su sombra, pero finalmente fueron por el notario de la aldea, que era un santo varón; cierto es que con ellos
desapareció también el campesino, pues se lo llevaron.
Un demonio, expulsado de una mujer por el arzobispo de Reims
corrió, por las calles, perseguido por un centenar de personas hasta llegar a
campo abierto donde dio un brinco más alto que el campanario de una iglesia y
escapó convertido en pájaro. Un capellán del ejército de Cromwell exorcizó a un
soldado arrojándolo al agua, donde su demonio salió a la superficie. No ocurrió
lo mismo, infortunadamente con el soldado.
Precipitación. Prisa de los torpes.
Prejuicio. Opinión vagabunda sin medios visibles de sostén.
Prerrogativa. Derecho de un soberano a obrar mal.
Presidente. S. Figura dominante en un grupito de
hombres que son los únicos de los que se sabe con certeza que la inmensa
mayoría de sus compatriotas no deseaban que llegaran a la presidencia.
Prisión. S. Lugar de castigos y recompensas. El poeta
nos asegura que: “No los muros de piedra hacen prisiones”, pero en combinación
del muro de piedra, el parásito político y el profesor de moral, no es el
jardín de las delicias.
Procaz. Adj. Dícese del lenguaje que usan otros para
criticarnos.
Profecía. S.
Arte y práctica de vender nuestra credibilidad con entrega diferida.
Prójimo. Aquel
a quien nos está ordenado amar como a nosotros mismos, pero que hace todo lo
posible para que desobedezcamos.
Publicar. V. t. En asuntos literarios, situarse en la
base de un cono de críticos.