martes, 1 de septiembre de 2015

Necesito una bebida isotónica.




Un día pensé que un vaso de cerveza me hacía feliz.
Otro día pensé que dos vasos de cerveza me hacían doblemente feliz.
Y al tercer día comprendí las matemáticas y las potencias, las cosas al cubo y el Pi… fue demasiado, me quede en mi banalidad. Adopté una actitud molesta. (Ay sí, ajá)
Cuando era feliz con todo ello,  las matemáticas y mi falsa actitud, me tope con el honor;  digamos que me salió un chipote en la frente. Pero por favor no le echemos la culpa a la falta de alcohol de la de pronta necesidad existencial. 
El honor no te lo enseñan en la escuela, y la mercadotecnia no lo contempla. Dentro de nuestros valores occidentales tampoco se le menciona.
Y entonces me pregunté ¿qué es ser honorable? ¿Preferir una coca cola o una Pepsi? ¿Un sidral o una manzanita? El honor no lo encontraba ni veía a mí alrededor. Así, mexicano tercermundista, medio azteca, nahualismos, latinismos y de pronto con arabismos.
Platón habló del amor, y mucho. Pero nunca habló del honor.
Para amar hay que tener honor y para tener honor hay que amar. Luego entonces concluyó que el honor viene de otros lados que no son de por aquí. Pero el amor es una virtud universal...  Creo que deberíamos aprender sobre el honor y todo lo que ello pueda significar. La venganza, el odio, el honor, la justicia, la templanza, la fortaleza, la verdad… porque curiosamente en todo ello puede existir honor.
Gokú en un principio fue muy honorable, pero al revivir tanto… bueno olvidemos el ejemplo.
El honor no tiene que ver nada con ser políticamente correcto. Ni incorrecto. El honor tiene que ver con nuestra propia idea de cómo somos, como nos contemplamos, nuestra realidad, los valores que nos guían aunque nadie sepa de ellos, la fidelidad a tus ideas por más pendejas que parezcan.
Baudelaire bien lo dijo “hay que trabajar, sino por gusto, al menos por desesperación, ya que está comprobado que trabajar es menos fastidioso que divertirse”. Parece que con el honor sucede lo mismo.
Strindbberg… “Me ocultó tras la pared, me meto detrás de las puertas, ante las chimeneas. Pero en todas partes, en todas, me hallan las furias. La angustia moral me vence, el pánico se apodera de mi, por todo y por nada…”
La moral y la voluntad vienen en una vorágine de desesperación, de instintos humanos. El amor y el deseo son instintos intelectualizados que han cambiado tanto que me dan pena mencionarlos.
Debimos ser como Maldoror: “Hay quienes escriben para lograr los aplausos humanos mediante nobles cualidades del corazón, que la fantasía inventa o que ellos pueden tener. Pero yo hago servir mi genio para representar las delicias de la crueldad”.
¿Estoy siendo cruel? Entonces continuaré con algo más de aquel Conde: “Delicias ni efímeras ni artificiales sino que, nacidas con el hombre, terminarán cuando él termine”.
¿Por qué nos preocupamos por todo eso? Gómez de la Serna dice “según eso, el mundo se come como un gran melón”. Sencillo y banal, sin pretensiones ¿no? Él mismo dice que “las mujeres hermosas estarían más rebeldes sino las engañase la velocidad de los automóviles y muchos matrimonios se romperían sino se perdonasen y se soportasen gracias a la velocidad de todas las tardes. En la velocidad se consienten muchas cosas”
Saquemos otro libro para observar lo complicado que es esto del honor, que viene con un instructivo en el amor occidental.
Novalis escribió “Levantas las alas pesadas del espíritu. Sentimos movernos inexpresables y obscuros…”
Y como vil canción de Radiohead todo nos remonta a la tristeza y por eso sin éxito no apareceríamos en el opening de las Olimpiadas… o equis evento mundano.
Citamos a Milton: ¡Eres tú aquel ángel traidor el primero que infringió la paz y la fe del cielo, respetadas hasta entonces, y el que en su orgullosa rebelión arrastró consigo a la tercera parte de los espíritus celestes conjurados contra el Altísimo? Tú y ello desechados de Dios…”
Uta madre ¡qué horrible ser un desecho de Dios! Su Dios… “O sea”.
Al final de cuentas somos turistas del dolor ¿pero dónde queda el honor?
Galaor: “Pero, si se advierte que sufres; mejor te daré el paraíso; y acuérdate de tus pecados… no te espante vivir alucinada, los buenos anacoretas vueltos a la razón cuidarán solícitamente de ti; te han perdonado y te vestirán y te alimentarán; también te nutrirán con el líquido rojizo que turba los sentidos y baja el cielo a la tierra…”
Y como yo no tengo las palabras para poder concluir todo esto, ya que me dio hueva pensar y me dediqué a sacar tantos putos libros… ¡Blake señores!
“Así olvidaron los hombre que todas las deidades residen en el corazón”.

El honor.