martes, 3 de marzo de 2015

Ella lo besará hasta que sangren sus labios.


Un viejo marinero se casó con una puta de puerto, en el mar del norte donde no hay puertos ni barcos, decepcionado el marinero mató a su suripanta, por haberle pegado un chancro sifilítico en la boca cuando se dedicaba a proporcionarle cunnilingus.


La porteña al morir dejó en su testamento que los dineros, fruto de su encoñable esfuerzo, pasaran a una casa de retiro de prostitutas viejas, situación que al marinero le produjo un odio espantoso, pues su esfuerzo por matar a su amada, así como sus malabáricos esfuerzos por engañar a la policía se vieron infructuosos.


La llaga sifilítica que adornaba la boca de nuestro navegante, fue creciendo pululando a mansalva y sin misericordia, por lo que ni la piruja más vieja y fea le hacía caso, por lo que se dedicó a masturbarse en la tumba de su occisa puta amada, y todo el pueblo lo recordó como el marinero puñetero de panteón; diferentes medios de comunicación vinieron a su encuentro, hasta que dio con él un prestigiado laboratorio Belga que se dedicaba a la experimentación de medicamentos, ofreciéndole la cura para su llaga sifilítica, por lo que le pagaron el viaje a Europa, su estancia en Bruselas y hasta sus clases de Flamenco.



Después de un tiempo, casi un año, nuestro nauta se curó, por lo que fue invitado a varias conferencias medicas por el resultado del nuevo y milagroso medicamento, ahí conoció a otra puta ahora una puta de conferencias, de esas que en toda convención de médicos, científicos, etc. aparecen, esta vez nuestro marinero fue asesinado por su sexo servidora de convenciones, por haberle pegado la sífilis, situación que desacredito al prestigioso laboratorio belga, a pesar de todo, en nuestra historia como en tantas otras, cabe un mensaje: nunca se sabe a dónde te puede llevar una puta, pero siempre se sabe que es una puta.